Llegó a España como refugiada, ahora acompañará con música algunas de las salas más importantes del Museo Nacional del Prado.
Cuando Sonya Zholobova toca el piano, el tiempo parece detenerse. En las salas del Museo del Prado se hace el silencio y los visitantes comienzan a acercarse, atraídos por la música.
Comenzó a estudiar piano con apenas cuatro años y medio, animada por su madre, profesora de música. Aunque su padre dudó al principio, más tarde se sintió orgulloso de su decisión. Hoy, con 20 años, actúa en uno de los museos más importantes de Europa, lejos de su ciudad natal.
«Nunca pensé que podría dedicarme a esto de manera profesional. Pero la vida me trajo hasta aquí», afirma.
Un camino marcado por la guerra
Hasta los 17 años vivía y estudiaba en Kiev. Tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania, su vida cambió de un día para otro. Durante una semana, ella y su familia se refugiaron en el aparcamiento de su edificio para protegerse de los bombardeos. Finalmente, tomó la difícil decisión de marcharse sola.
Sus padres y sus dos hermanas menores se trasladaron después a Suiza. Sonya llegó a Madrid para continuar sus estudios con el pianista ucraniano Vadim Gladkok, profesor en el Centro Superior de Enseñanza Musical Katarina Gurska.
Practica seis o siete horas al día. La adaptación no fue fácil: un nuevo país, otra cultura, la soledad. Con el tiempo, logró encontrar estabilidad y continuar su formación artística.
Música en el Museo del Prado
Actualmente participa en el programa Pinceladas Sonoras, una iniciativa del museo que apoya a jóvenes músicos. Actúa varias veces por semana, interpretando su repertorio de memoria, sin partitura, creando un diálogo entre la música y las obras que la rodean.
Tras cada interpretación, el público responde con aplausos. Ella inclina la cabeza con discreción y agradece el cariño recibido.
A pesar de todo lo vivido, mantiene una serenidad profunda.
«Cuando estoy en medio de una pieza, hay un momento tan hermoso que siento como si estuviera en el cielo»
confiesa.
Y entonces, vuelve a sonar Chopin.
